Bogotá, 26 de mayo de 2026. La Corporación Universitaria Iberoamericana (IBERO) fue escenario del lanzamiento de Palabras Pendientes por la Participación Ciudadana, una iniciativa que, en su primera fase desarrollada en la Universidad de los Andes, reunió más de 300 conversaciones con jóvenes de 17 a 25 años para escuchar, sin filtros ni fórmulas prefabricadas, cómo viven la democracia, la participación y el futuro de Colombia, en el marco de la convocatoria “Pensar con otros” de Sura y la Fundación Bolívar Davivienda.
“Cuando escuchamos a estos jóvenes sin interrumpirlos, sin pedirles que se acomoden a nuestro lenguaje, entendemos que no es apatía lo que hay, sino lucidez, cansancio y ganas de cambiar las cosas”, señaló Ángela Suárez, directora ejecutiva del Instituto de la Conversación. “Palabras Pendientes existe precisamente para eso: para que lo que ellos dicen no se pierda en el ruido, sino que se convierta en insumo para decidir mejor como sociedad.”
El evento convocó a autoridades académicas, representantes de las organizaciones aliadas y cerca de 50 estudiantes para detenerse a escuchar a una generación que muchas veces ha sido descrita desde el prejuicio, pero pocas veces ha sido escuchada con verdadera atención.
“Como universidad, no podemos limitarnos a hablar de ciudadanía en el aula; tenemos que crear espacios donde la ciudadanía se practique escuchando de frente a las y los estudiantes”, afirmó Ricardo Gómez Giraldo, rector de la Corporación Universitaria Iberoamericana (IBERO). “Apostar por Palabras Pendientes es apostar por una democracia que empieza reconociendo la voz de la juventud como un actor político de primer orden.”
Palabras Pendientes nace de una convicción sencilla, pero profundamente política: la juventud sí tiene algo que decir sobre el país, pero no siempre encuentra los espacios, las condiciones ni el lenguaje para hacerlo de manera incidente. En un contexto marcado por la desconfianza institucional, la saturación informativa, la polarización digital y la frustración frente a las promesas incumplidas de la vida pública, este proyecto abre una cabina simbólica y real para que esas voces circulen, se reconozcan y entren en conversación con otros sectores de la sociedad.
Las y los jóvenes que han participado no hablan desde la distancia: hablan desde su experiencia cotidiana con la exclusión, la incertidumbre, la sobreexposición en redes, la dificultad de confiar y la sensación persistente de que participar no siempre transforma nada. Y, sin embargo, siguen hablando.
Ese es, quizás, uno de los hallazgos más potentes del proceso. Frente a la idea cómoda de que la juventud está desconectada de la política, Palabras Pendientes muestra algo distinto: hay una generación que observa, interpreta, cuestiona y nombra el país con una precisión que interpela tanto a las instituciones como a los discursos tradicionales sobre ciudadanía. Expresiones como “democracia decorativa”, “participación para la foto” o “país no amigable con los jóvenes” no son solo frases llamativas; son formas de condensar una lectura crítica de la realidad y de reclamar nuevas maneras de vincularse con lo público.
El lanzamiento en la IBERO tuvo precisamente ese sentido: compartir hallazgos, sí, pero también reconocer públicamente que escuchar no puede seguir siendo un gesto accesorio. Escuchar, en este contexto, es una forma de construir legitimidad, de producir conocimiento social y de abrir conversaciones que no caben en los formatos tradicionales de consulta.
La iniciativa es impulsada por el Instituto de la Conversación, en alianza con CODHES, la Universidad de los Andes y la IBERO, con el apoyo de la Fundación Bolívar Davivienda y Seguros SURA.
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