Por Federico dos Reis, CEO de INFORM para Latinoamérica
La conversación sobre Inteligencia Artificial suele centrarse en la tecnología. Hablamos de
modelos predictivos, automatización, análisis de datos y capacidad de procesamiento. Sin
embargo, uno de los principales mensajes que surgió en la décima edición de GHI Americas
—encuentro de Ground Handling International que reunió en Panamá a aerolíneas,
aeropuertos, empresas de asistencia en tierra y proveedores de distintos mercados—
apunta en otra dirección: el éxito de la IA depende, en gran medida, de contar con personas
preparadas para implementarla y sostenerla en el tiempo.
No deja de ser llamativo. Nunca las organizaciones habían tenido acceso a tantas
herramientas para optimizar procesos y mejorar la toma de decisiones. Aun así, muchas
iniciativas avanzan más lento de lo esperado o no alcanzan todo su potencial. El problema,
en la mayoría de los casos, no radica en la tecnología, sino en la capacidad de transformar
procesos, hábitos y formas de trabajo dentro de la organización.
Durante una de las jornadas dedicadas a la Inteligencia Artificial, expertos de la industria
aeronáutica coincidieron en que factores como la cultura organizacional, la gestión del
cambio y el compromiso de los líderes son tan o más importantes que los datos o la
infraestructura tecnológica. Si bien durante años la falta de información digitalizada fue vista
como una barrera para adoptar IA, hoy esa realidad ha cambiado. La digitalización de los
procesos y el acceso remoto a la información han creado condiciones mucho más
favorables para implementar estas soluciones.
Precisamente por eso, el factor humano sigue siendo decisivo. Incorporar IA implica
modificar procesos, desafiar prácticas históricas y adoptar nuevas formas de tomar
decisiones. La aviación es un buen ejemplo. En un sector donde cada minuto tiene impacto
operacional y económico, la IA ya permite optimizar la asignación de recursos y anticipar
contingencias en tiempo real, mejorando la resiliencia y la eficiencia. Sin embargo, ninguna
de estas capacidades genera valor si las organizaciones no están preparadas para adoptar
nuevas formas de trabajo y sostenerlas con consistencia.
En nuestra experiencia, los proyectos más exitosos son aquellos donde existe una visión
compartida, liderazgo comprometido y una estrategia capaz de involucrar a toda la
compañía. Cuando alguno de estos elementos falta, incluso las mejores herramientas
enfrentan resistencia o pierden impulso con el tiempo. A ello se suma un desafío cada vez
más relevante, como lo es la continuidad. Los procesos de transformación generan valor en
horizontes de largo plazo, pero los cambios en los equipos directivos o la presión por
resultados inmediatos pueden poner en riesgo iniciativas que construyen ventajas
competitivas sostenibles.
Por eso, es fundamental incorporar la gestión del cambio y la transformación cultural como
parte del ADN organizacional. La IA seguirá evolucionando y ampliando sus capacidades,
pero su verdadero potencial dependerá de las personas. La ventaja competitiva no estará
en quién adopte primero una herramienta, sino en quién logre construir una organización
capaz de evolucionar junto con ella, integrándola con visión, compromiso y criterios éticos.