Bogotá, junio de 2026. Los primeros años de vida son determinantes para el desarrollo del lenguaje y la comunicación. En esta etapa, identificar señales de alerta y contar con el acompañamiento adecuado puede marcar una diferencia profunda en la forma en que los niños se relacionan con su entorno, aprenden e interactúan socialmente.
En este proceso, la fonoaudiología cumple un rol esencial al prevenir, detectar y acompañar dificultades relacionadas con el habla, la audición, la voz y el lenguaje. Su alcance va más allá de corregir problemas de pronunciación, ya que también contribuye a fortalecer habilidades fundamentales para la comunicación, la alimentación y el desarrollo integral.
“Estimula y reorganiza funciones importantes como la deglución y las funciones orofaciales necesarias para favorecer la alimentación y la maduración de estructuras dentro de la boca, importantes para la alimentación y producción de un habla inteligible”, explica Marlen Castellanos, fonoaudióloga experta en desarrollo infantil y asesora técnica externa de Versania Nova.
La intervención en la primera infancia resulta especialmente relevante debido a la plasticidad cerebral, una etapa en la que el cerebro tiene mayor capacidad de adaptación y aprendizaje, principalmente durante los primeros seis años de vida. Por ello, Sindy Bolívar, médica especialista en neurodesarrollo y líder de la sede de Versania Nova de Barranquilla, afirma que “no se debe esperar a que el niño cumpla cierta edad para confirmar si existe un retraso en el desarrollo, pues los primeros meses de vida son claves para una intervención oportuna”.
De acuerdo con los expertos, es importante observar hitos como el contacto visual, la respuesta al llamado por su nombre y la intención comunicativa, que se expresa con sonidos, gestos y primeras palabras. Señales como evitar el juego, presentar conductas repetitivas o no desarrollar habilidades esperadas para su edad pueden indicar la necesidad de una evaluación especializada. También es importante evitar el mito de que todos los niños “tienen su ritmo”, ya que estas comparaciones pueden retrasar la búsqueda de ayuda.
Además, es clave diferenciar entre un retraso del desarrollo, que puede mejorar con intervención oportuna, y un trastorno del neurodesarrollo, que requiere acompañamiento especializado. Más allá del diagnóstico, la fonoaudiología se articula con otras áreas como pediatría y psicología para acompañar integralmente a los niños y orientar a sus familias, fortaleciendo su desarrollo comunicativo y emocional.