Dormir ocho horas ya no es garantía de descanso. Cada vez más personas se levantan con la sensación de no haber recuperado energías, luchan contra el sueño durante la jornada laboral o atribuyen su cansancio permanente al estrés. En muchos casos, el problema no está en la cantidad de horas dormidas, sino en la calidad del sueño.
Detrás de esa fatiga cotidiana puede encontrarse la apnea obstructiva del sueño (AOS), un trastorno que provoca pausas repetidas en la respiración mientras la persona duerme y que, de no tratarse, puede desencadenar enfermedades cardiovasculares, metabólicas y respiratorias.
"La apnea del sueño no solo afecta el descanso. Cada episodio de interrupción respiratoria obliga al organismo a trabajar bajo condiciones de falta de oxígeno, lo que genera una respuesta inflamatoria y un aumento sostenido del estrés cardiovascular", explica Darys Osuna Julio, docente del programa de Terapia Respiratoria de Areandina sede Pereira.
Mucho más que un ronquido
Aunque el ronquido es uno de los signos más conocidos, no todas las personas que roncan padecen apnea del sueño. La diferencia está en que, durante un episodio de apnea, la vía aérea se bloquea parcial o totalmente, impidiendo el paso del aire durante varios segundos.
Esas pausas suelen repetirse decenas o incluso cientos de veces durante la noche sin que la persona sea consciente de ello. "Cuando los ronquidos se interrumpen con silencios prolongados, seguidos de jadeos o despertares con sensación de ahogo, es importante buscar atención médica. Esos episodios indican que el organismo está dejando de recibir oxígeno de forma repetitiva", señala la especialista.
Con el tiempo, esta disminución intermitente de oxígeno obliga al corazón y al sistema respiratorio a realizar un esfuerzo constante. La consecuencia es un mayor riesgo de hipertensión arterial, arritmias, insuficiencia cardíaca, infarto agudo de miocardio y accidente cerebrovascular.
Aunque se ha dado una popularización de relojes inteligentes y pulseras de monitoreo ha cambiado la relación de muchas personas con su salud. Todavía no reemplazan un diagnóstico médico.
"Estos dispositivos tienen una buena capacidad para identificar cambios que podrían sugerir un problema, pero fueron diseñados principalmente para el bienestar personal. Si muestran descensos repetidos en la saturación de oxígeno o se acompañan de ronquidos intensos y somnolencia diurna, lo recomendable es acudir a una valoración especializada", explica Osuna.
La inteligencia artificial entra al dormitorio
La inteligencia artificial también está transformando la medicina del sueño. Hoy, muchos equipos de presión positiva continua en la vía aérea (CPAP) analizan automáticamente lo que ocurre mientras el paciente duerme y ajustan el tratamiento según sus necesidades. Además, los especialistas pueden supervisar a distancia el uso del dispositivo y comprobar si la terapia está siendo efectiva.
"La inteligencia artificial ayuda a identificar qué pacientes tienen mayor riesgo de abandonar la terapia y permite intervenir antes de que suspendan el tratamiento. Esto mejora la adherencia y aumenta las probabilidades de éxito", afirma la docente. Gracias a estos avances, el tratamiento es cada vez más cómodo, personalizado y eficaz para los pacientes.
Sin embargo, a pesar de los avances tecnológicos, el principal desafío continúa siendo lograr que los pacientes mantengan el tratamiento. Durante años, entre el 30 % y el 40 % de quienes utilizan CPAP abandonaban la terapia por incomodidad, sensación de claustrofobia, resequedad o dificultades para adaptarse a las máscaras.
La industria ha respondido con equipos más silenciosos, máscaras de contacto mínimo fabricadas con materiales más suaves, sistemas de humidificación inteligentes y algoritmos que reducen automáticamente la presión durante la exhalación para hacer la respiración más natural.
La apnea del sueño no solo incrementa el riesgo cardiovascular. Diversas investigaciones han demostrado que las interrupciones repetidas de la respiración alteran el funcionamiento hormonal del organismo, favoreciendo la resistencia a la insulina y aumentando el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2.
Además, quienes padecen apnea suelen presentar mayores dificultades para controlar la hipertensión, incluso cuando reciben tratamiento farmacológico". El sueño reparador es un componente fundamental de la salud. Cuando la respiración se altera de manera repetitiva durante la noche, todo el organismo termina pagando las consecuencias", advierte Osuna.
Tres hábitos que pueden marcar la diferencia
Aunque el diagnóstico siempre debe realizarlo un profesional, existen medidas sencillas que favorecen una mejor respiración durante el descanso. La primera consiste en evitar el uso de pantallas al menos una hora antes de dormir, ya que la luz azul retrasa la producción de melatonina y dificulta alcanzar un sueño profundo.
La segunda es dedicar unos minutos a practicar respiración diafragmática lenta antes de acostarse, favoreciendo una mejor oxigenación y disminuyendo la activación del sistema nervioso asociada al estrés diario.Finalmente, dormir de lado en lugar de boca arriba reduce el colapso de la vía aérea y puede disminuir la frecuencia de los episodios respiratorios en algunas personas.
En una sociedad donde el cansancio se ha normalizado, aprender a reconocer las señales del cuerpo puede marcar la diferencia entre un problema pasajero y una enfermedad silenciosa. Con el apoyo de la inteligencia artificial y de nuevas herramientas de monitoreo, la medicina del sueño avanza hacia diagnósticos más tempranos y tratamientos cada vez más personalizados. El desafío ahora es que más personas entiendan que dormir bien no es un lujo: es una condición indispensable para proteger la salud del corazón, los pulmones y el cerebro.