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La ciencia detrás de la camiseta: ¿Por qué el fútbol nos mueve el cuerpo y la emoción?

2 de julio de 2026 por
La ciencia detrás de la camiseta: ¿Por qué el fútbol nos mueve el cuerpo y la emoción?
ACIS

Cada vez que la Selección Colombia juega un partido oficial, el país se transforma al punto de que las estadísticas se disparan. Basta mirar el desborde de calles, bares, hogares y restaurantes con cientos de aficionados hipnotizados ante las pantallas mientras rueda el balón para entender que las conversaciones y los estados de ánimo colectivos cambian drásticamente.

Esto es una verdad que va más allá de la percepción y se confirma con las cifras:   según registros de Kantar Ibope Media, empresa líder en investigación de mercados y medición de audiencias, los partidos del combinado nacional llegan a congregar a más de 20 millones de espectadores en televisión abierta. Durante noventa minutos la pasión no solo es capaz de enojar, tensionar o conmover, el fútbol tiene el poder de unirnos en una sincronía afectiva que traspasa diferencias sociales, regionales y territoriales, revelando un fenómeno que inquieta a los expertos.

Para comprender esta experiencia, distintos especialistas se han preguntado qué ocurre exactamente en el organismo y la mente de un aficionado al observar y vivir el fútbol. En palabras de  Diana Mejía Sabogal, psicóloga e investigadora en afectos, cuerpo y sociedad, del programa de psicología presencial de la Fundación Universitaria del Área Andina durante estos eventos el límite entre el "yo individual" y el "nosotros colectivo" se vuelve poroso. Según la experta, el hincha no observa a su equipo como un elemento externo, sino como una “extensión afectiva de su identidad, de su historia y de los vínculos que lo conectan con otros”. 

Este fenómeno se explica, en parte, desde la teoría de la identidad social, según la cual los grupos a los que pertenecemos influyen en la manera como nos percibimos y nos narramos. En el ámbito de la psicología social, el fenómeno de apropiarse simbólicamente del triunfo ajeno se denomina BIRGing (Basking in Reflected Glory). Investigaciones alrededor del concepto que se introdujo y documentó en Estados Unidos durante la década de los setenta, confirman que este mecanismo permite a las personas elevar su autoestima y canalizar un sentido de orgullo compartido a través de los logros del grupo, logrando cohesionar  sociedades históricamente fracturadas. No en vano es popular la anécdota del legendario futbolista de Costa de Marfil, Didier Drogba, quien, en 2005, llamó a la unidad de su país, inmerso en una cruenta guerra civil, luego de clasificar al Mundial. El gesto, cargado de un alto simbolismo, tuvo un impacto masivo que sumó en el camino para llegar a un alto al fuego y posteriores negociaciones de paz.

El juego del cuerpo la emoción y el cerebro dentro de la tribuna 

La afición masiva al fútbol no responde únicamente a factores culturales o de entretenimiento. También involucra procesos neuropsicológicos y emocionales que se activan durante experiencias intensas de pertenencia colectiva. “Cuando una persona vive un gol como propio, no reacciona solo desde el pensamiento, también desde el cuerpo entero. Se activa la expectativa, la memoria afectiva, la alegría, la tensión acumulada y la necesidad de compartir esa emoción con otros", explica la investigadora de Areandina, Diana Mejía. En este sentido El gol no funciona únicamente como un estímulo deportivo. Activa una cadena de respuestas emocionales y fisiológicas asociadas a la expectativa, la recompensa y la pertenencia grupal. Por eso los gritos, los saltos o los abrazos suelen aparecer de forma inmediata.

Esta premisa coincide con los hallazgos de científicos de la Universidad de Coimbra en Portugal. Mediante estudios de resonancia magnética funcional, se encontró que la pasión por el fútbol puede activar circuitos cerebrales vinculados con la recompensa, las emociones y el sentido de pertenencia. Se trata de mecanismos que también participan en otros vínculos afectivos intensos, aunque en este caso el apego es colectivo y no romántico. Durante una victoria, el cerebro de un aficionado inunda el cuerpo con dopamina y oxitocina, sustancias responsables de la felicidad y el sentido de pertenencia. Por el contrario, la tensión de un resultado adverso dispara los niveles de cortisol, generando un estado biológico de alerta física y estrés. 

La investigadora Diana Mejia anota que esta intensidad también ayuda a explicar por qué ciertos partidos permanecen en la memoria durante décadas: "los goles decisivos, las finales o las derrotas dolorosas no se recuerdan solo como datos deportivos, sino como escenas vitales: dónde estaba la persona, con quién vio el partido, o qué momento atravesaba su familia o el país. Interviene la memoria episódica con alta carga emocional. El fútbol se vuelve archivo afectivo de una biografía personal y colectiva.”

 

El bálsamo de la efervescencia colectiva

A nivel macro, el impacto del fútbol trasciende la bioquímica individual para  llegar a la  efervescencia colectiva. Esta  emoción compartida tiene un impacto visible en el comportamiento colectivo: sondeos de gremios comerciales en Colombia revelan que 9 de cada 10 ciudadanos modifican activamente sus hábitos de consumo durante estas jornadas, destinando presupuestos especiales para gastronomía, reuniones en hogares o comercios locales. Cuando miles de ciudadanos se sintonizan bajo una misma emoción las frustraciones y ansiedades cotidianas se desplazan temporalmente al partido.

 Sin embargo, esta potencia también puede ser contraproducente cuando la incapacidad de procesar la derrota desemboca en comportamientos agresivos “El problema no está en emocionarse, sino en perder la posibilidad de tomar distancia y reconocer que el adversario sigue siendo parte del juego, no un enemigo”, dice  Mejía.

Verse reflejado positivamente en una cancha de juego actúa como un alivio temporal de validación social para una nación. La victoria se vive como afirmación simbólica de una comunidad que desea sentirse capaz y parte de una historia compartida. Luego de cada pitazo final en esta Copa del Mundo, aunque la cancha se vacíe, los cambios biológicos, emocionales y comunitarios permanecerán por largo tiempo en las personas. Serán temas recurrentes de discusión y de apasionados análisis sociales. El fútbol, no solo moviliza multitudes y mueve grandes capitales, también activa recuerdos, emociones y formas de conexión colectiva. Su importancia va más allá de la competencia. Nos permite observar cómo una sociedad celebra, sufre, se reúne, se confronta y construye relatos sobre sí misma a través del juego.

La ciencia detrás de la camiseta: ¿Por qué el fútbol nos mueve el cuerpo y la emoción?
ACIS 2 de julio de 2026
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