Bogotá, agosto de 2026. La inteligencia artificial se ha convertido en una prioridad para las organizaciones, pero el primer paso no debería ser elegir una herramienta, sino identificar qué problema de negocio vale la pena resolver.
En medio del entusiasmo por la inteligencia artificial, muchas empresas están concentrando la conversación en plataformas, licencias y modelos, antes de determinar dónde están perdiendo productividad, dinero u oportunidades. Para César Tejada, Country Manager de Noventiq Colombia, el punto de partida debería ser diferente: “La inteligencia artificial es una herramienta extraordinaria, pero el verdadero desafío es de negocio: ¿cómo crecer más rápido?, ¿cómo ser más rentable?, ¿cómo atender mejor a mis clientes?, ¿cómo competir en mercados globales?”.
Esta mirada resulta especialmente relevante para Colombia, en un contexto de cambios económicos y nuevas oportunidades de crecimiento. Más allá de la coyuntura, las organizaciones que aprovechen este momento para fortalecer su productividad, innovación y competitividad estarán mejor preparadas para capturar las oportunidades de crecimiento que vienen.
Los costos que no aparecen en los estados financieros
Una de las primeras tareas debería ser identificar los llamados costos invisibles: horas dedicadas a tareas repetitivas, reportes manuales, información dispersa, reprocesos, errores, decisiones tardías y oportunidades comerciales que se pierden por falta de seguimiento.
El impacto de esta fragmentación puede ser significativo. El Work Trend Index 2025 de Microsoft encontró que los empleados reciben, en promedio, 275 interrupciones durante una jornada laboral entre reuniones, correos y chats. El dato evidencia el nivel de fragmentación que puede experimentar una jornada laboral y plantea una pregunta para las organizaciones: ¿cuánto tiempo se dedica a gestionar interrupciones y tareas que podrían simplificarse o automatizarse?.
Estos costos también aparecen en áreas financieras, comerciales, operativas, de servicio al cliente y recursos humanos. El reto para la alta dirección es reconocerlos y determinar cuáles tienen suficiente impacto como para justificar una intervención tecnológica.
La IA como consecuencia, no como punto de partida
No toda ineficiencia requiere inteligencia artificial. Algunas necesitan simplemente rediseñar un proceso, eliminar pasos innecesarios o aprovechar mejor herramientas que la organización ya tiene.
“Antes de comprar más tecnología, las empresas deberían preguntarse si están utilizando el potencial de las herramientas que ya tienen, si sus colaboradores saben incorporarlas en su trabajo diario y si sus procesos están preparados para adoptar estas capacidades”, explica César Tejada.
La oportunidad tampoco se limita a automatizar tareas. La IA puede reducir el tiempo y el riesgo asociados a actividades de innovación: analizar nuevos mercados, identificar segmentos de clientes, modelar escenarios de expansión o acelerar el desarrollo de productos y servicios.
Los resultados que empiezan a observarse en el mercado respaldan esta oportunidad. De acuerdo con el AI Jobs Barometer 2025 de PwC, las industrias «más expuestos» a la IA registraron un crecimiento tres veces mayor en los ingresos por empleado (27%) en comparación con los «menos expuestos» (9%).
Ante este escenario, César Tejada propone a las organizaciones plantearse tres preguntas antes de implementar IA: ¿dónde se está perdiendo dinero todos los días?, ¿qué proceso consume más tiempo del que debería? y ¿qué decisión podría tomar antes si la información estuviera disponible?.
Responderlas permite identificar oportunidades desde tres perspectivas: crecimiento de ingresos, optimización de costos y velocidad y calidad de las decisiones.
En este proceso, la tecnología debe estar acompañada de adopción y gestión del cambio. No basta con implementar una herramienta si los colaboradores no saben cómo incorporarla a su trabajo o si los procesos no están preparados para aprovecharla.
El objetivo final es que la tecnología deje de ser un proyecto aislado y se convierta en una capacidad permanente de la organización. “Mi recomendación sería que piensen la inteligencia artificial como una estrategia de transformación empresarial y no como una compra de tecnología”, concluye el vocero.
La pregunta, entonces, no debería ser solamente ¿qué herramienta de IA deberíamos implementar?, sino ¿qué problema de negocio vale la pena resolver y cuánto nos está costando no hacerlo?. Porque la transformación digital comienza entendiendo dónde se genera —y dónde se destruye— valor.