Bogotá, D. C., junio de 2026. En 2026, competir ya no depende únicamente de eficiencia, costos o escala. Las empresas operan en un entorno global profundamente reconfigurado, en el que la geopolítica se consolida como un factor estructural que condiciona decisiones críticas sobre dónde invertir, producir y operar.
Este nuevo entorno se caracteriza por una menor previsibilidad económica, mayores tensiones comerciales y una creciente intervención de los Estados en sectores estratégicos. Como resultado, las compañías enfrentan un escenario en el que la competitividad dependerá por la capacidad de anticipar y adaptarse a dinámicas geopolíticas cambiantes.
Finalmente, la capacidad de anticipar cambios políticos, regulatorios y geoestratégicos se convierte en un diferenciador crítico de competitividad. En línea con los hallazgos de su estudio Megatrends 2026 and beyond, el Geostrategic Outlook 2026 profundiza en cómo estos factores se han convertido en determinantes directos de la estrategia empresarial.
Geopolítica y nuevas reglas del juego
El informe muestra que la geopolítica se manifiesta a través de un conjunto de transformaciones interrelacionadas que afectan de manera directa las decisiones empresariales.
Por un lado, el aumento del intervencionismo estatal y el uso estratégico de políticas industriales están redefiniendo la relación entre Estado y mercado en el mundo. Esto se traduce en mayores requisitos regulatorios y un entorno en el que las decisiones públicas impactan de forma directa la competitividad empresarial.
Al mismo tiempo, el comercio global enfrenta una creciente fragmentación. Aranceles, controles a exportaciones y requerimientos de contenido local están obligando a las empresas a rediseñar sus cadenas de suministro, diversificar proveedores y reconsiderar su huella productiva.
La tecnología también se ha convertido en un frente central de competencia geopolítica. La IA ya es tratada como infraestructura crítica, mientras que el valor estratégico de los datos y la propiedad intelectual ha intensificado los riesgos asociados a ciberataques, espionaje industrial y restricciones al flujo de información. Esto obliga a las empresas a reforzar la seguridad de sus sistemas, replantear su arquitectura tecnológica y revisar sus estrategias de localización de datos.
“En Colombia, la geopolítica ya no es un factor externo: se ha convertido en un determinante directo de las decisiones empresariales. Las compañías que logren anticipar estos cambios e integrarlos en su estrategia estarán mejor preparadas para gestionar riesgos, adaptarse a un entorno más regulado y capturar oportunidades en el nuevo mapa de la competencia global”, afirmó Ximena Zuluaga, Presidenta y Country Managing Partner de EY Colombia.
Escasez de recursos: la nueva frontera geoestratégica
Uno de los cambios más significativos identificados por el informe es la creciente geopolítica de la escasez. El acceso a recursos estratégicos se ha convertido en una variable central para la operación, el crecimiento empresarial y los equilibrios económicos a nivel global.
Actualmente, más de 4.000 millones de personas en el mundo enfrentan escasez de agua al menos un mes al año, una tendencia que continuará intensificándose y que ya influye en las decisiones empresariales y la formulación de políticas públicas. Esta realidad está transformando el acceso a los recursos en una variable operativa, financiera y reputacional, e impulsa inversiones en colaboración entre empresas, gobiernos y comunidades.
Asimismo, la demanda creciente de minerales como litio, cobalto, níquel y tierras raras, esenciales para tecnologías digitales, baterías y sistemas de defensa, está generando nuevas dinámicas de competencia entre países y empresas. La alta concentración geográfica de estos introduce riesgos en las cadenas de suministro y reconfigurando las estrategias de abastecimiento, los flujos de inversión, las alianzas entre países y las dinámicas de seguridad económica.
“La geopolítica ya no se gestiona solo desde el riesgo. En 2026, las empresas que la incorporen de forma temprana en sus decisiones operativas y de inversión estarán mejor preparadas para responder a restricciones de recursos, cambios regulatorios y nuevas exigencias del mercado”, señaló Catalina Sandoval, Associate Partner de Política Fiscal, Regulatoria y Geoestrategia de EY Colombia.
Ante esta nueva realidad, EY plantea que las empresas avancen hacia modelos de gestión más resilientes, en los que la disponibilidad de recursos críticos se asuma como un eje estratégico; la innovación tecnológica actúe como un habilitador clave de productividad, y las alianzas con el sector público y otros actores se consoliden como un mecanismo para fortalecer la infraestructura y la gobernanza de estos recursos.
La fragmentación global redefine dónde y cómo competir
A diferencia de ciclos anteriores, la transformación geopolítica actual no es homogénea. El informe muestra que el mundo se está organizando en múltiples bloques con dinámicas regulatorias, políticas y económicas diferenciadas. Norteamérica, Asia-Pacífico, Europa y Medio Oriente tienen enfoques diversos y prioridades que dependen la situación nacional.
Para las empresas, esto implica que ya no existe una única estrategia global viable. La fragmentación geopolítica las obliga a adoptar enfoques más regionalizados, adaptar sus modelos operativos a regulaciones divergentes y tomar decisiones diferenciadas.
Una agenda estratégica para las empresas colombianas en 2026
El Geostrategic Outlook 2026 concluye que las organizaciones que logren integrar de manera sistemática la geopolítica en su estrategia estarán mejor posicionadas para anticipar disrupciones y sostener su competitividad en el tiempo.
Esto implica evolucionar desde una gestión reactiva del riesgo hacia un enfoque estratégico que incorpore escenarios geopolíticos en la toma de decisiones, fortalezca la resiliencia operativa y permita responder de manera más ágil a cambios en el entorno global.
Para Colombia, este contexto plantea un desafío claro: adaptar modelos de negocio, cadenas de suministro y estrategias de inversión a un entorno más fragmentado, regulado e incierto. Pero también abre oportunidades para aquellas compañías capaces de anticipar estos cambios y reposicionarse estratégicamente en el nuevo mapa de la competencia global.