Colombia, septiembre de 2026. El 97% de los participantes colombianos en la encuesta regional afirmó que cumplió o superó los objetivos establecidos por su organización. El 69% señaló que alcanzó las metas previstas y el 28% que logró sobrepasarlas. Los resultados indican que, entre los encuestados del país, el trabajo remoto no fue percibido como un impedimento para alcanzar los objetivos.
Las cifras hacen parte del informe regional 2025 Trabajo remoto: entre la flexibilidad y la confianza, desarrolladopor ConFye -Centro de Conciliación Familia y Empresa- del IAE Business School de Argentina y el INALDE Business School de Colombia, con el apoyo de BARNA Management of School de República Dominicana y la Universidad Panamericana Campus Guadalajara de México. El estudio reunió 3.506 respuestas en América Latina, 324 de ellas provenientes de Colombia.
La valoración del desempeño coincide con otros indicadores de productividad. En Colombia, el 73,8% considera que trabajar remotamente le permite ser más eficaz para cumplir sus objetivos y entregables, mientras que el 71% afirma que puede concentrarse mejor en sus tareas. A su vez, el 65,4% señala que su productividad laboral general aumentó gracias a la posibilidad de trabajar desde casa.
Incluso cuando se presentan interrupciones en el entorno doméstico, el 77,5% cree que puede mantener la calidad esperada por su supervisor. El 66% también considera que logra afrontar las demandas laborales con mayor efectividad bajo esta modalidad. Aunque las valoraciones son positivas, Colombia no encabeza la comparación regional. Se ubica por encima del promedio en concentración, eficacia y capacidad para afrontar las demandas laborales, y por debajo en mantenimiento de la calidad ante interrupciones y aumento general de la productividad.
Confianza en el desempeño, con oportunidades de mejora
La confianza es una de las fortalezas de la experiencia remota en el país. El 81,8% percibe que su organización confía en que será eficaz cuando trabaja a distancia y el 80,2% considera que su supervisor confía en que trabaja eficientemente aun cuando no está visible.
La valoración es menor en otros aspectos de la relación laboral. El 72,2% confía en que su organización le proporcionará las herramientas y los recursos necesarios, y el 68,9% cree que recibirá oportunidades de desarrollo profesional mientras trabaja remotamente.
El informe señala, como conclusión regional, que el reto ya no consiste únicamente en confiar en los colaboradores, sino en procurar que esa confianza también se refleje en oportunidades equitativas de crecimiento, sin importar la modalidad de trabajo.
La flexibilidad tiene límites
El 71% de los participantes colombianos afirma que su supervisor le permite ajustar sus horarios cuando lo necesita, siempre que alcance los objetivos acordados. El 64,2% indica, además, que no tiene restricciones sobre el lugar desde el cual trabaja remotamente si cumple con sus responsabilidades.
La autonomía es menos amplia cuando se pregunta por la organización cotidiana de la jornada. El 57,1% divide sus horas de trabajo para adaptarlas a compromisos laborales y personales, pero solo el 47,6% considera que puede tomar descansos cuando lo desea.
La diferencia coincide con una de las conclusiones regionales del informe: permitir ciertos ajustes de horario no siempre se traduce en una autonomía efectiva para administrar el tiempo de trabajo.
El balance personal no garantiza la desconexión
El 72,6% de los encuestados colombianos está satisfecho con el equilibrio entre su vida personal y laboral. El 66,4% afirma que sabe cuándo desconectarse para recuperarse y el 59% considera que el trabajo remoto no le quita tiempo que preferiría dedicar a su familia, sus amigos u otras actividades.
Sin embargo, dejar atrás mentalmente las responsabilidades laborales sigue siendo difícil. Apenas el 41,4% manifiesta que no suele pensar en asuntos de trabajo fuera de su horario habitual. El informe identifica esta situación como una de las principales tensiones regionales: valorar positivamente el balance entre ambas esferas no significa necesariamente que las personas logren desconectarse al terminar la jornada.
En cuanto a los vínculos personales, el 27,5% afirma que sus relaciones interpersonales sufren cuando trabaja remotamente, uno de los porcentajes más altos entre los países analizados.
Mejor alimentación, pero señales de deterioro físico
Los indicadores de bienestar apuntan en direcciones distintas. El 60,5% reporta que sus hábitos alimenticios mejoraron desde que trabaja remotamente. Al mismo tiempo, el 29,7% afirma que su condición física disminuyó.
Este último porcentaje supera el promedio regional del 19,6% y es el segundo más alto entre los países analizados, después de Perú, que registra un 31,3%. El informe advierte que trabajar desde casa puede facilitar algunas conductas saludables, pero también reducir el movimiento que antes hacía parte de la rutina laboral, como los desplazamientos, las caminatas y las pausas activas.
Colombia, dividida ante un regreso permanente a la oficina
Si las condiciones laborales cambiaran y la empresa exigiera trabajar siempre de manera presencial, el 42% de los participantes colombianos aceptaría con agrado. En contraste, el 36% comenzaría a buscar otro empleo que le permitiera combinar presencialidad y trabajo remoto.
El 17% aceptaría la medida con desagrado por no tener otras opciones y el 4% renunciaría. El documento ubica a Colombia, junto con Ecuador y Guatemala, entre los países con mayor disposición a aceptar un esquema de presencialidad obligatoria.
Las opiniones también están divididas frente a la utilidad de acudir a la oficina. El 45% considera que el tiempo empleado durante los días presenciales valió la pena, mientras que el 42% cree que habría podido hacer lo mismo, con iguales resultados, de manera remota. El 13% restante señala que en esas jornadas no se alcanzaron los resultados esperados.
La experiencia de los participantes colombianos combina un alto cumplimiento de objetivos con percepciones favorables sobre productividad y confianza. Pero esos resultados conviven con límites en la autonomía, dificultades para desconectarse y señales de deterioro físico. El reto que plantea el informe no es escoger de manera absoluta entre la casa y la oficina, sino definir condiciones de trabajo que permitan sostener el desempeño, proteger el bienestar y dar un propósito claro a la presencialidad.