Bogotá, julio de 2026. Cambios en el olor corporal, una mayor necesidad de privacidad o la aparición de las primeras señales físicas de maduración pueden generar dudas entre padres y cuidadores. Aunque suelen asociarse de inmediato con la pubertad, en muchos casos corresponden a una etapa previa conocida como adrenarquia, un proceso natural del desarrollo infantil que antecede los cambios más evidentes de la adolescencia.
Durante esta fase, las glándulas suprarrenales comienzan a producir andrógenos, hormonas que dan inicio a una serie de transformaciones progresivas en el organismo. Aunque suele presentarse entre los 10 y 12 años, en algunos casos puede aparecer desde los ocho años, por lo que es importante conocer sus señales y saber cuándo consultar al especialista.
“La adrenarquia se diferencia de la pubertad si la entendemos como el fenómeno hormonal inicial. La pubertad es la etapa posterior, en donde se presentan los cambios físicos y emocionales más notorios, mientras que en la adrenarquia solo se observan algunos cambios leves y preliminares”, explica Camilo Luna, pediatra adscrito a Colsanitas.
Algunas de las señales más frecuentes de la adrenarquia incluyen:
En niños:
Cambio de voz.
Sudoración y mayor olor corporal.
Piel grasa o aparición de acné leve.
Aparición de vello púbico y corporal.
En niñas:
Inicio del desarrollo mamario.
Ensanchamiento leve de las caderas.
Aparición de vello púbico.
Piel grasa o acné leve.
Cabello más graso.
Cuando estos cambios aparecen de manera anticipada y se acompañan posteriormente de una pubertad precoz, es importante realizar una valoración médica. Este desarrollo acelerado puede afectar la talla final esperada y, en algunos casos, estar asociado a alteraciones endocrinas que requieren seguimiento especializado.
Por ello, los especialistas recomiendan mantener hábitos saludables desde la infancia, incluyendo una alimentación balanceada, actividad física regular, buenos ciclos de sueño y acompañamiento médico ante cualquier inquietud relacionada con el desarrollo. Identificar oportunamente estos cambios permite garantizar que cada etapa del crecimiento ocurra de acuerdo con los tiempos naturales de cada niño y niña.