Bogotá, 21 de septiembre de 2026. Si usted tiene hijos o hijas, en algún momento deberá tener “la conversación”. Hablar sobre el cuerpo, sus cambios y desarrollo, la sexualidad o el sexo seguro puede ser un reto para muchos padres y madres: porque no tienen toda la información, porque todavía existe algo de pena alrededor de estos temas o, simplemente, porque no saben por dónde empezar. ¿Qué preguntar? ¿Qué explicar? ¿Qué responder? Y así, entre dudas e inseguridades, la conversación puede terminar aplazándose.
Este año, en el marco de la Semana Andina de Prevención del Embarazo en la Infancia y la Adolescencia, Profamilia decidió preguntarles directamente a los jóvenes cómo les gustaría que estos temas se abordaran en sus familias. A través de su RedJoven, integrada por adolescentes y jóvenes de distintas ciudades del país que promueven y hacen pedagogía sobre derechos sexuales y reproductivos, recogió sus recomendaciones sobre cómo hablar del cuerpo, la sexualidad y la prevención del embarazo.
Sus respuestas, junto con la de Profamilia, permitieron identificar algunas claves para hacer de las familias espacios donde preguntar, escuchar y aprender sobre sexualidad sea posible.
¡No hay que esperar el momento perfecto!
Para Jofri Restrepo, joven de la Red, la sexualidad “hace parte de nuestras vidas desde que somos pequeños, por eso es importante crecer con información clara, confianza y espacios seguros para preguntar y aprender”.
La sexualidad es una dimensión natural de la vida y se manifiesta de diferentes maneras en cada etapa del desarrollo. Por eso, hablar de ella no debería convertirse en una conversación que se espera o se prepara para “algún día”, sino en un diálogo que puede acompañar el crecimiento desde siempre, de manera natural y acorde con la edad.
Se debe empezar desde la infancia hablando del cuerpo, el autocuidado, los límites y las emociones, y adaptar el lenguaje y la información a las preguntas, necesidades y procesos de cada etapa. Incluso situaciones cotidianas, una pregunta, algo que vieron en el colegio o una escena de una película, se convierten en oportunidades para conversar y construir, poco a poco, un espacio de confianza en el que preguntar sobre sexualidad sea posible.
Escuchar sin juzgar también es parte de la respuesta
Amelie Russi lo resume así: “Ustedes también pasaron por eso y saben que uno tiene muchas dudas.” Su recomendación para los adultos es sencilla: no minimizar las preguntas y, sobre todo, no responder desde el miedo y el prejuicio.
Escuchar también es una forma de acompañar. Dejar que las y los jóvenes terminen de hablar, evitar reacciones que transmitan enojo, sorpresa o decepción y mantener la calma incluso cuando la pregunta le pueda resultar incomoda, marcan la diferencia en la comunicación con sus hijos.
No se trata de tener siempre la respuesta perfecta, sino de construir un espacio de confianza en el que puedan hacer preguntas, expresar sus dudas y recibir información sin sentirse juzgados. Así, cuando necesiten orientación sobre sexualidad, relaciones o salud sexual y reproductiva, sabrán que pueden acudir a un adulto de confianza.
Hablar claro de anticoncepción no acelera nada, protege
Muchos adolescentes pueden haber escuchado hablar de diferentes métodos anticonceptivos, pero conocer sus nombres no necesariamente significa comprender cómo funcionan, cuáles son sus diferencias, cómo se utilizan o dónde acceder a orientación. Las dudas pueden ser muy concretas y van desde ¿cómo funciona cada método para prevenir un embarazo? hasta ¿cómo se usa correctamente un condón?, ¿qué hacer si se rompe? o ¿qué opciones existen para cuidarse? Sin esta información, elegir un método puede convertirse en una instrucción memorizada y no en una decisión informada.
Nikol Jiménez lo aterriza en algo concreto y propone abrir la conversación con preguntas sencillas como “¿sabes cómo cuidarte?”, “¿conoces algunos métodos para prevenir un embarazo?” “¿sabes cómo usar correctamente un condón?”. A partir de ahí, sugiere hablar sin rodeos sobre las diferentes opciones disponibles, como el condón, las pastillas anticonceptivas o el implante subdérmico, explicando cómo funciona cada método, cómo se utiliza y qué tener en cuenta al momento de elegirlo.
La evidencia respalda esta mirada, pues según la UNESCO, hablar de métodos con información clara no adelanta el inicio de la vida sexual, ayuda a que cuando llegue ese momento las decisiones sean más informadas y seguras.
La conversación también incluye internet
Hoy, buena parte de lo que los adolescentes aprenden sobre relaciones y sexualidad pasa por una pantalla. Internet y las redes sociales son espacios donde adolescentes y jóvenes también buscan información y resuelven dudas, pero no todo el contenido disponible es confiable. Juan Ramos, otro joven de la Red, es directo al respecto: “El internet es la mayor fuente de conocimientos y a la vez de desinformación, lo mejor es verificar la información antes de sacar conclusiones apresuradas”.
Hablar de consentimiento, privacidad y desinformación en redes también hace parte de la conversación sobre sexualidad. Se trata de acompañar a las y los jóvenes para que puedan identificar información confiable, reconocer contenidos que pueden ser engañosos y construir relaciones basadas en el respeto y el cuidado.
Internet puede ser una herramienta para buscar información, pero no debería quedarse con “esa conversación”. Las familias también tienen un papel fundamental en orientar, escuchar y resolver dudas. Dejar estas preguntas únicamente en manos de internet significa permitir que otras voces, no siempre confiables, ocupen ese espacio.
Una conversación a tiempo puede hacer la diferencia. Hablar de sexualidad con niñas, niños y adolescentes, de acuerdo con su edad y momento de desarrollo, les permite contar con información para prevenir embarazos no planeados, reconocer situaciones de violencia, conocer sus derechos, identificar sus límites y tomar decisiones informadas. También fortalece la confianza y el vínculo con sus familias, para que sepan que tienen un lugar seguro al que pueden acudir cuando tengan preguntas o necesiten orientación.
No, no hace falta tener todas las respuestas. Si no sabe cómo abordar una pregunta, si necesita más información o siente que la conversación requiere un acompañamiento especializado, buscar ayuda profesional también es una buena forma de cuidar.
Profamilia cuenta con servicios de salud sexual y reproductiva para adolescentes y jóvenes en diferentes lugares del país, así como con Centros para Jóvenes, espacios cercanos, confidenciales y respetuosos donde pueden hablar sobre lo que les pasa y resolver sus dudas. También está disponible Zona Joven, un chat de orientación en salud sexual y reproductiva: 318 531 0121, opción 2.
Acerca de Profamilia
Profamilia es la organización abanderada en la defensa de los Derechos Humanos, Sexuales y Reproductivos en Colombia, que durante 60 años ha garantizado el acceso a servicios de salud de alta calidad con un enfoque diferencial. Con presencia en 46 clínicas a nivel nacional, ha beneficiado a millones de personas, promoviendo el respeto y la inclusión. Su labor abarca desde servicios clínicos, oferta de productos especializados, producción de conocimiento, educación integral para la sexualidad, hasta la incidencia política. Con un enfoque basado en Derechos Humanos, Profamilia sigue impulsando la autonomía y el empoderamiento, apoyando a las personas para que ejerzan plenamente sus Derechos Sexuales y Reproductivos, contribuyendo a la equidad y la reducción de la pobreza.
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