Bogotá, agosto de 2026. La globalización, el trabajo remoto y la expansión internacional han hecho más frecuente que los profesionales del país trabajen con personas de otros países, pero dominar el inglés no basta. Lo que para un colombiano es una manera natural y cordial de comunicarse, para un estadounidense o un europeo puede resultar confuso, demasiado informal o incluso tener un significado completamente distinto.
“En los entornos laborales internacionales no basta con conocer el idioma. También es necesario comprender cómo la cultura influye en la manera en que las personas se comunican, negocian, toman decisiones, expresan desacuerdos y construyen relaciones de confianza”, explica Diana Solarte, Directora de Operaciones de Berlitz Colombia.
En este sentido, el aprendizaje de un idioma también implica comprender la cultura en la que ese idioma se utiliza. No se trata únicamente de incorporar vocabulario, gramática o pronunciación, sino de desarrollar la capacidad de interpretar expresiones, códigos de comunicación y formas de relacionarse que pueden variar entre países. Esto permite que los profesionales no solo hablen otro idioma, sino que puedan utilizarlo de manera efectiva en situaciones reales de trabajo.
“Una persona puede tener un excelente nivel de inglés y, aun así, generar un malentendido porque interpreta literalmente una expresión, desconoce una norma cultural o utiliza una forma de comunicación que no es habitual para su interlocutor. La clave está en desarrollar la capacidad de observar, preguntar y adaptarse”, señala la profesional.
“Qué pena”, “regálame” y “coger”: colombianismos que pueden sonar diferente
En Colombia existen numerosas expresiones que forman parte del lenguaje cotidiano y que, dentro del país, se entienden perfectamente. Sin embargo, al interactuar con profesionales de otras nacionalidades, algunas pueden generar confusión.
Una de ellas es “qué pena”, utilizada para disculparse, pedir un favor, llamar la atención o expresar incomodidad. Su traducción literal al inglés como “what a shame” puede no transmitir la intención original. Algo similar ocurre con “regálame”, una forma habitual de pedir algo amablemente —“regálame un café”, “regálame un minuto” o “regálame tu opinión”— que para un extranjero que aprende español puede resultar desconcertante.
También está “coger”, palabra de uso cotidiano en Colombia para referirse a tomar, utilizar o abordar algo, como “coger un taxi” o “coger una ruta”. Sin embargo, en varios países de latinoamérica tiene una connotación sexual, por lo que puede generar incomodidad o resultar inapropiada en un contexto profesional. A estas expresiones se suman otras como “chévere”, “de una”, “pilas” o “parce”, cuyo nivel de informalidad o significado puede variar según el país y la situación.
“Los modismos no son incorrectos. El desafío aparece cuando trasladamos expresiones propias de nuestra cultura a contextos donde el interlocutor puede no conocerlas. No se trata de dejar de utilizarlas, sino de saber cuándo pueden generar una interpretación distinta”, explica Solarte.
Los errores más comunes con equipos de Estados Unidos
Uno de los principales desafíos al trabajar con equipos estadounidenses es traducir literalmente expresiones colombianas, sin considerar el contexto. Frases como “regálame un minuto”, “qué pena molestarte” o “ahorita te lo envío” requieren adaptación, al igual que palabras como actually, que significa “en realidad” y no “actualmente”, o eventually, que significa “finalmente” o “con el tiempo”.
“En muchos contextos laborales de Estados Unidos se valora una comunicación directa, concreta y orientada a resultados. Por eso, expresiones como ‘lo revisamos’ o ‘de pronto podemos hacerlo’ pueden requerir mayor precisión al establecer compromisos y próximos pasos”, explica la profesional.
Más que idioma: entender cómo trabaja la otra cultura
Las diferencias culturales también aparecen en aspectos que no tienen relación directa con el vocabulario. La puntualidad, el manejo de los silencios, la relación con la jerarquía, la manera de dar retroalimentación, la toma de decisiones y la forma de negociar pueden variar significativamente entre países.
“Un profesional que trabaja con equipos internacionales necesita entender no solamente qué palabras utilizar, sino también cómo construir confianza, cómo expresar desacuerdos, qué nivel de formalidad utilizar y cómo interpretar las respuestas de sus interlocutores. Esa lectura cultural permite evitar malentendidos que pueden afectar una negociación o una relación comercial”, afirma Solarte.
En este contexto, herramientas como el Cultural Orientations Indicator (COI) permiten identificar diferencias y similitudes en las preferencias culturales de las personas y equipos, entregando recomendaciones para abordar potenciales desafíos interculturales. Berlitz señala que esta evaluación puede utilizarse para ayudar a colaboradores y empresas a comprender cómo las preferencias culturales influyen en el trabajo y en la relación con colegas internacionales.
La propuesta forma parte del enfoque de Berlitz Cultural Consulting, que busca fortalecer las competencias interculturales de las organizaciones mediante capacitación y herramientas orientadas a mejorar la comunicación, la colaboración y el desempeño de equipos globales.
“Cuando los colaboradores comprenden estas diferencias, pueden mejorar la colaboración y convertir la diversidad cultural en una ventaja, en lugar de una barrera”, concluye la profesional.
En un mercado laboral cada vez más global, saber inglés abre la puerta a una conversación internacional, pero comprender a quien está al otro lado puede determinar cómo termina. Porque hablar el mismo idioma no siempre significa decir lo mismo.
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