Bogotá, julio de 2026. Colombia generó 65.917 toneladas de residuos peligrosos provenientes de la atención en salud durante 2024, de acuerdo con el Informe Nacional de Generación y Manejo de Residuos o Desechos Peligrosos del Ideam. La cifra representa un aumento de 12 % frente a 2023 y es la más alta registrada desde 2020.
Estos residuos, clasificados en las corrientes Y1 y A4020, equivalen aproximadamente al 12 % de los residuos peligrosos generados en el país. Del total reportado, 56.822 toneladas correspondieron a residuos biosanitarios; 6.422, a anatomopatológicos; 2.092, a cortopunzantes; y 581, a desechos de animales.
Más allá del crecimiento del volumen, el principal desafío está en garantizar que cada residuo sea separado, empacado, identificado, transportado, tratado y dispuesto de forma segura. Una falla en cualquiera de estas etapas puede trasladar el riesgo fuera de las instituciones de salud y exponer a trabajadores, pacientes, recicladores, operadores ambientales y comunidades cercanas.
“La bioseguridad no empieza en la planta de tratamiento; empieza en el lugar donde se genera el residuo. Una separación incorrecta puede convertir un error operativo en un riesgo para la salud pública”.
El riesgo aumenta cuando falla la separación en la fuente
Los residuos hospitalarios peligrosos incluyen materiales biosanitarios, cortopunzantes, anatomopatológicos, químicos y otros elementos contaminados con potencial infeccioso o tóxico. Cuando los residuos ordinarios se mezclan con materiales de riesgo biológico, aumenta el volumen que requiere tratamiento especializado, se elevan los costos y se amplía la exposición durante toda la cadena de manejo.
La Organización Mundial de la Salud estima que cerca del 85 % de los residuos generados por las actividades de atención en salud son comunes y no peligrosos. El 15 % restante puede presentar características infecciosas, tóxicas, carcinógenas, inflamables, corrosivas, reactivas, explosivas o radiactivas.
En Colombia, los residuos biosanitarios representan cerca del 86 % de la corriente Y1+A4020, mientras que los anatomopatológicos corresponden aproximadamente al 10 %. Esta composición confirma que la mayor parte del riesgo está asociada a materiales que han estado en contacto con fluidos, tejidos o agentes biológicos.
Incidentes prevenibles, consecuencias reales
Una gestión inadecuada puede ocasionar heridas con elementos cortopunzantes, contacto con fluidos biológicos, exposición a medicamentos y sustancias químicas, quemaduras, contaminación del aire, afectación de suelos y cuerpos de agua, y propagación de microorganismos resistentes a los antimicrobianos.
Los trabajadores de la salud enfrentan el riesgo durante la generación y separación de los residuos; los operadores ambientales, durante la recolección, el transporte y el tratamiento; y los recicladores, cuando los residuos peligrosos terminan mezclados con materiales aprovechables. Entre los eventos más frecuentes están los pinchazos, la ruptura de bolsas sobrellenadas, los derrames y la manipulación de residuos sin rotulación adecuada.
Estas situaciones pueden reducirse mediante capacitación continua, uso correcto de elementos de protección personal, recipientes rígidos para cortopunzantes, empaques resistentes, rutas internas definidas y trazabilidad documental en cada etapa.
Un vacío de información que limita la prevención
Aunque la generación de estos residuos aumentó, Colombia no cuenta con una cifra pública, única y consolidada que permita establecer cuántos incidentes sanitarios están asociados específicamente a su manejo inadecuado. Los reportes se encuentran dispersos entre los sistemas de seguridad y salud en el trabajo, las autoridades sanitarias y ambientales, las aseguradoras de riesgos laborales y las entidades territoriales.
Para Atica, esta ausencia de información no implica que el riesgo sea menor. Por el contrario, evidencia la necesidad de fortalecer la vigilancia, el reporte y la articulación institucional para identificar patrones, prevenir incidentes y orientar decisiones de política pública.
La gestión segura comienza en el punto de generación
La principal medida de prevención es fortalecer la gestión desde el origen: separar correctamente, capacitar al personal, utilizar empaques adecuados, rotular, controlar pesos y volúmenes, identificar cada tipo de residuo y entregarlo exclusivamente a gestores autorizados.
A ello debe sumarse una trazabilidad completa, con manifiestos, certificados de tratamiento o disposición final, seguimiento por lote y auditorías periódicas. Estos soportes permiten demostrar qué ocurrió con cada residuo desde su generación hasta su tratamiento y disposición final.
También es necesario extender la cultura de bioseguridad a laboratorios, centros veterinarios, servicios estéticos, atención domiciliaria y otros generadores, así como fortalecer la capacidad instalada de tratamiento y la coordinación entre autoridades ambientales, entidades sanitarias, generadores y gestores especializados.
“El residuo que sale de un hospital no deja de representar un riesgo hasta que existe evidencia de su manejo, tratamiento y disposición final”, afirmó María Alejandra Tombe Serna
Coordinadora Ambiental de Atica.