La productividad está emergiendo como el
principal motor de crecimiento sostenible para la
banca, al permitir combinar eficiencia operativa,
innovación y rentabilidad en un entorno cada vez
más competitivo.
Puntos clave:
Los programas tradicionales de reducción de costos ofrecen alivio en el corto plazo, pero rara vez
resuelven las causas estructurales que limitan el crecimiento y la rentabilidad de los bancos.
La productividad se está consolidando como un indicador estratégico para evaluar cuánto
esfuerzo, recursos y complejidad requiere una entidad financiera para generar valor al cliente.
La simplificación operativa, la modernización tecnológica y la adopción de inteligencia artificial
enfocada en resultados de negocio pueden contribuir a mejorar la eficiencia y fortalecer la
competitividad.
Los bancos que logren transformar la complejidad en productividad estarán mejor posicionados
para crecer de forma sostenible en un entorno de márgenes presionados y creciente
competencia.
LATINOAMÉRICA, agosto 25 de 2026 – En un entorno marcado por una competencia cada vez más
intensa, mayores exigencias regulatorias, la aceleración tecnológica y una presión constante sobre los
márgenes de rentabilidad, las entidades financieras enfrentan un desafío que trasciende la tradicional
reducción de costos: construir organizaciones más productivas, ágiles y preparadas para crecer de
manera sostenible.
Durante años, la respuesta de muchos bancos ante escenarios de incertidumbre o presión financiera ha
consistido en congelar contrataciones, reducir presupuestos o aplazar inversiones. Aunque estas
decisiones pueden generar alivios temporales, rara vez transforman los factores estructurales que
impulsan los costos y limitan la capacidad de crecimiento de una organización.
De acuerdo con Deloitte, el reto no es únicamente cuánto gastan los bancos, sino cuánto de ese gasto
está siendo absorbido por la complejidad operativa. Sistemas heredados, procesos fragmentados,
duplicidad de tareas, múltiples plataformas tecnológicas y estructuras poco integradas pueden convertirse
en barreras silenciosas para la productividad y la generación de valor.
La Firma señala que, ante este escenario, las entidades financieras están comenzando a cambiar su
enfoque desde la simple contención de costos hacia una visión más amplia de productividad. Esto implica
analizar cuánto esfuerzo requiere entregar valor a clientes, accionistas y otros grupos de interés, e
identificar qué inversiones contribuyen efectivamente a mejorar el desempeño, la escalabilidad y la
rentabilidad de largo plazo.
La tendencia cobra especial relevancia en una industria donde el crecimiento orgánico es cada vez más
desafiante. La consolidación del mercado, la digitalización de los servicios financieros, la entrada de
nuevos competidores y las crecientes expectativas de los consumidores exigen modelos operativos más
eficientes y flexibles.
En este contexto, la inteligencia artificial, la automatización inteligente, la migración a la nube y la
modernización de plataformas tecnológicas están ganando protagonismo como herramientas para
aumentar la productividad. Sin embargo, los expertos advierten que la tecnología, por sí sola, no
garantiza resultados.
“La transformación de costos más efectiva no consiste en hacer recortes aislados, sino en construir
organizaciones más productivas. Los bancos que logren simplificar su operación, modernizar sus
plataformas y aprovechar tecnologías como la inteligencia artificial para generar valor medible estarán en
mejor posición para crecer, innovar y responder a las exigencias de un mercado cada vez más dinámico”.
Afirma Germán Morales, Socio Líder de Asesoría y Consultoría para la región Andina de Deloitte Spanish
Latin America.
Según Deloitte, uno de los principales desafíos sigue siendo la coexistencia de sistemas heredados que
demandan altos costos de mantenimiento y dificultan la transformación digital. Aunque la actualización de
estas plataformas puede representar una inversión significativa en el corto plazo, su modernización
permite liberar recursos, simplificar operaciones y acelerar la capacidad de innovación.
La complejidad acumulada también puede afectar directamente la rentabilidad. A medida que los bancos
incorporan nuevos productos, canales y requisitos regulatorios, sus estructuras operativas tienden a
volverse más costosas y difíciles de gestionar. Sin una estrategia clara de simplificación, estos factores
terminan elevando el costo de servir a los clientes y reduciendo la capacidad de adaptación de la
organización.
Por su parte, José Luis Valderrama, Socio Líder de la industria Financiera de Deloitte en región Andina,
señala que: “la productividad debe convertirse en un indicador estratégico para la banca. Las entidades
que logren reducir la complejidad de sus procesos, optimizar el uso de sus recursos y enfocar sus
inversiones en iniciativas que impulsen el desempeño estarán mejor preparadas para fortalecer su
rentabilidad, acelerar su transformación y sostener el crecimiento en el largo plazo”.
Por ello, los especialistas recomiendan que las iniciativas de transformación de costos estén orientadas a
generar mejoras sostenibles del desempeño y no únicamente a obtener ahorros puntuales. Esto implica
entender con precisión dónde se generan los costos, cómo contribuyen a la creación de valor y cuáles
son las oportunidades reales para incrementar la productividad.
“Las organizaciones financieras más exitosas serán aquellas capaces de medir y gestionar la
productividad de manera integral. La combinación de tecnología, datos, simplificación operativa y gestión
del cambio puede convertirse en un diferenciador competitivo clave en los próximos años. El objetivo final
no es gastar menos, sino generar más valor con una estructura más eficiente y sostenible”. Concluyó
José Luis Valderrama.