Bogotá, enero de 2026. Kapital nació con un propósito claro: ayudar a las empresas a tomar mejores decisiones financieras a través de la tecnología. Lo que comenzó como una plataforma enfocada en visibilizar el flujo de caja y simplificar procesos contables, evolucionó rápidamente hasta convertirse en una de las fintech más relevantes de América Latina. Hoy, con una valuación superior a USD 1.300 millones, Kapital opera en México, Colombia y Estados Unidos, impulsando el crecimiento de más de 300.000 empresas que encuentran en ella una aliada para planificar, financiar y escalar sus negocios.
Detrás de este crecimiento está René Saúl, su cofundador y CEO, un empresario que ha convertido la gestión financiera en un ejercicio de visión y disciplina. Para Saúl, los negocios sostenibles no se construyen con prisa, sino con propósito, análisis y decisiones inteligentes. En un país como Colombia —donde las MiPymes son el motor del empleo y la productividad—, estas reflexiones cobran un valor especial: invitan a los empresarios a crecer con orden, aprovechar el financiamiento de forma estratégica y usar la tecnología como una herramienta para ganar control, no complejidad.
“Crecer con visión es importante, pero crecer con disciplina es innegociable. Cuando una empresa entiende su flujo de caja, automatiza procesos y toma decisiones basadas en datos, el crecimiento deja de ser un golpe de suerte y se convierte en una consecuencia natural”, afirma René Saúl, CEO y cofundador de Kapital.
En Colombia, donde las Pymes siguen ganando terreno con más de 290.000 nuevas empresas creadas en 2024, según Confecámaras, el contexto no puede ser más propicio para aplicar estas ideas. Hoy en día, estas empresas enfrentan retos como flujos de caja ajustados, acceso limitado a crédito y dificultad para escalar sin perder control financiero. Y justamente ahí es donde la planeación, las opciones del financiamiento y la resiliencia se convierten en aliados de crecimiento y evolución.
Desde esa experiencia, René Saúl comparte tres lecciones que resumen el camino que lo llevó a consolidar una compañía de escala regional y que hoy pueden servir de guía a los empresarios colombianos.
1. La inteligencia financiera es el punto de partida
Comprender las finanzas del negocio no es solo una tarea contable: es la base de toda decisión estratégica. La inteligencia financiera implica entender el flujo de caja, los márgenes, los costos reales y la rentabilidad de cada acción. Permite anticipar escenarios, corregir desviaciones y evaluar con claridad la salud del negocio.
Es clave no operar guiados por la intuición, sino incorporar prácticas de análisis financiero, ya que pueden marcar la diferencia entre la estabilidad y la improvisación. La información, cuando se interpreta correctamente, se convierte en un mapa que orienta el crecimiento y reduce los riesgos.
2. El financiamiento es una palanca, no un salvavidas
El acceso a crédito es una herramienta poderosa si se usa con estrategia. El financiamiento permite invertir, digitalizar procesos o explorar nuevos mercados, pero solo cuando se toma de manera planificada. Comprender el costo real del dinero, analizar la capacidad de pago y elegir las fuentes adecuadas son pasos esenciales para usar el crédito como motor de crecimiento.
Las empresas que incorporan el financiamiento en su planeación, en lugar de recurrir a él como último recurso, logran mantener estabilidad y aprovechar mejor las oportunidades del mercado. La gestión del capital debe verse como una inversión en el futuro, no como una reacción al presente. Para el caso de Colombia, existen diversas alternativas de apalancamiento que a veces no son conocidas por los empresarios, así que es clave mapear e identificar las alternativas reales que puedan adaptarse al momento del negocio.
3. La resiliencia es el nuevo diferencial competitivo
El entorno actual exige empresas capaces de adaptarse, aprender y evolucionar frente a los cambios. La resiliencia se ha convertido en un activo tan importante como el capital: implica mantener la claridad del propósito incluso en los momentos de incertidumbre.
Las organizaciones resilientes son aquellas que aprenden de los errores, ajustan sus estrategias con agilidad y fortalecen su cultura interna frente a los desafíos. En un contexto como el colombiano, donde las condiciones económicas, tecnológicas y sociales cambian rápidamente, la resiliencia es lo que permite sostener el crecimiento a largo plazo.
“El éxito no se trata de crecer a toda costa, sino de construir negocios que duren. Si una empresa entiende su propósito, cuida su caja y elige bien sus aliados, está lista para cualquier desafío”, concluye René Saúl, CEO y cofundador de Kapital.