La saturación digital está alcanzando un punto crítico y está cambiando la forma en como las personas consumen contenido, productos y experiencias. El informe Dentsu Creative Trends 2026 revela que solo el 46% de los consumidores se siente capaz de identificar contenido generado por inteligencia artificial, una señal clara de agotamiento frente a entornos digitales cada vez más homogéneos y automatizados.
Este contexto ha impulsado lo que dentsu denomina Analog Futures: una tendencia que prioriza lo físico, tangible y deliberadamente lento como respuesta a la hiperestimulación digital. Según el estudio, el 63% de los consumidores se siente atraído por contenidos, música y formatos de generaciones anteriores porque los percibe como más auténticos y menos divisivos.
La Generación Z, lejos de rechazar la tecnología, está liderando esta desaceleración selectiva. El 54% afirma que está migrando hacia contenidos más lentos y profundos como reacción a feeds saturados de estímulos rápidos, lo que indica que el problema no es el acceso digital, sino la falta de significado y diferenciación.
Los datos de informe son contundentes: a nivel mundial, el 40% de los encuestados coincide con que “El mundo en línea se siente tan estresante que trato de desconectarme tanto como sea posible”. La Generación Z es el grupo más propenso a buscar tiempo para desconectarse, con un 45% de acuerdo. El 50% de las personas afirma que trata de racionar su propio tiempo frente a la pantalla.
“Los más jóvenes son quienes apuestan por la desconexión puesto que, el deseo de desconexión es más fuerte entre las audiencias más jóvenes, con un 52% para la Gen Z y un 60% para los Millennials”, comenta Diana Triana, Chief Creative Officer de Dentsu. “Mientras que el 29% de los encuestados en todo el mundo está “interesado en probar dispositivos 'tontos' como los teléfonos tipo 'ladrillo' o reproductores MP3 antiguos; esa cifra sube al 45% entre la Generación Z”.
Esta fatiga está impactando directamente la atención y la confianza. Dentsu advierte que el exceso de contenido automatizado —el llamado “AI slop”— reduce el tiempo de permanencia, el recuerdo de marca y la disposición a interactuar, afectando tanto a medios como a empresas que priorizan volumen sobre calidad.
Como respuesta, varias compañías están reintroduciendo fricción intencional en sus experiencias. El informe destaca cómo marcas están apostando por formatos físicos, experiencias presenciales, ediciones limitadas, diseño retro y procesos más lentos como estrategia para diferenciarse y generar valor en un entorno saturado de inmediatez.
Lejos de ser nostalgia, esta estrategia tiene impacto comercial ya que, las experiencias percibidas como más humanas y menos algorítmicas fortalecen la lealtad y la disposición a pagar, convirtiendo lo analógico en un activo estratégico en lugar de un retroceso tecnológico.
Para las Redes Sociales y los medios, esta tendencia también redefine el valor del contenido. Publicaciones y formatos que priorizan profundidad, autoría clara y experiencia de lectura y visualización están logrando mayor engagement frente a modelos basados en scroll infinito y producción masiva.
“En un mundo donde todo es inmediato y automatizado, la fricción, la pausa y la curaduría se convierten en diferenciales aspiracionales”, afirma Diana Triana. “Esto no significa que lo analógico compita con la tecnología, al contrario, la humaniza. De esta forma se conectarán las marcas en el futuro cercano con la gente”.
Aunque el deseo de desconectarse forma parte del atractivo de la nostalgia de los 90 y 2000, también existe una fuerte sensación de que la vida era más divertida en aquella época. Por eso, el 66% de los encuestados está de acuerdo en que “las personas se divertían mucho más en los 90 y 2000”, mientras que el 68% coincide en que “la vida es demasiado corta para no darse algunos gustos”.
Dentsu concluye que en el 2026 las empresas que logren equilibrar la innovación digital con experiencias más lentas, físicas y significativas serán las que consigan atención, confianza y crecimiento sostenido. En un entorno de fatiga digital generalizada, desacelerar parece ser la decisión más estratégica.