Por Sindy Granada, CEO de Lyra Latam
Colombia vive un momento decisivo para la evolución de su ecosistema de pagos y para el avance real de la inclusión financiera. La reciente decisión del Gobierno de retirar la retención del 1,5% propuesta para sistemas como Nequi, Daviplata, PSE o Bre-B, y además eliminar la retención histórica aplicada a tarjetas débito y crédito, marca un antes y un después. A partir de ahora, todos los medios de pago digitales quedan con retención del 0%. Este hecho, lejos de ser un ajuste técnico aislado, representa un mensaje claro, donde la digitalización solo avanza cuando pagar es tan simple, seguro y transparente que no genera dudas ni fricciones para el usuario final.
En un país donde aún se realizan millones de transacciones en efectivo y donde gran parte de la población está dando sus primeros pasos en el sistema financiero formal, cualquier señal de costo (incluso mínima) puede frenar la adopción digital. La experiencia internacional lo confirma, cuando los pagos se perciben como gratuitos y ágiles su uso crece, mientras que cuando se perciben como costosos o complejos el efectivo vuelve a imponerse. Por eso, esta decisión regulatoria no sólo elimina una barrera económica, sino que corrige la narrativa en torno a la digitalización, una narrativa que en las últimas semanas estuvo marcada por desinformación, confusión y mensajes incompletos que generaron ansiedad en millones de usuarios.
Frente a este escenario, es necesario hacer una reflexión sobre los actores de la industria, donde las empresas tecnológicas, entidades financieras, reguladores y comercios tenemos la responsabilidad de informar con claridad, corregir mitos y asegurar que la ciudadanía entienda qué está cambiando, por qué y para qué. La transformación digital del país no puede avanzar si las personas sienten incertidumbre o perciben que adoptar nuevos medios de pago implica riesgos o costos ocultos. La confianza no se decreta, sino que se construye con información veraz, experiencias de uso sencillas y decisiones de política pública coherentes.
Este momento adquiere aún mayor relevancia con el despliegue de Bre-B, el sistema de pagos inmediatos del Banco de la República. Su potencial es enorme ya que permite transferencias en segundos, interoperables, seguras y sin costo para el usuario. Pero ese potencial solo se materializará si el ecosistema logra transmitir un mensaje unificado de simplicidad, eficiencia y beneficio real. En esta etapa de adopción, cualquier señal contradictoria puede desacelerar el crecimiento de una infraestructura clave para la modernización del país.
La eliminación total de la retención, por tanto, envía una señal correcta en el momento indicado. Refuerza la confianza, reduce fricciones y prepara el terreno para que más personas adopten medios digitales en su vida cotidiana. Esto se traduce en mayor trazabilidad, nuevas oportunidades para comercios y emprendedores, mejor acceso a servicios financieros, mayor seguridad y una economía más formal y transparente.
Sin embargo, este avance no puede quedarse en un anuncio regulatorio. El reto ahora es sostener el impulso y construir entre todos un ecosistema coherente, interoperable y centrado en el usuario. Eso implica educación financiera continua, comunicación clara, innovación responsable y un compromiso genuino con la ciudadanía.
Si Gobierno, industria y sector financiero mantienen una agenda coordinada, Colombia estará en capacidad de acelerar la inclusión financiera, democratizar el acceso al sistema digital y mejorar la calidad de vida de millones de personas. Estamos ante un punto de inflexión en el que se puede redefinir la forma en que el país paga, transacciona y participa de la economía. Lo que hagamos y comuniquemos en este momento será determinante para el futuro de los pagos en Colombia.