Bogotá, febrero de 2026. El avance acelerado de la Inteligencia Artificial (IA) marcará en 2026 un punto de inflexión en el desarrollo de software y en los perfiles profesionales que demanda la industria tecnológica. Más allá de los debates sobre la automatización, comienza a consolidarse un nuevo rol clave: profesionales capaces de orquestar múltiples agentes de IA, combinando automatización, validación humana y una visión pragmática del uso de esta tecnología.
Hoy, las herramientas basadas en IA ya demuestran su capacidad para generar código, acelerar procesos y reducir costos y tiempos de desarrollo. Esto no solo mejora la eficiencia de los equipos tecnológicos, sino que habilita proyectos que antes eran inviables por su complejidad o por la escasez de talento especializado.
Los desarrolladores no desaparecen: evolucionan
En Colombia, el desafío del talento sigue siendo estructural. Según cifras del Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (MinTIC), el país enfrentaría un déficit de entre 68.000 y 112.000 desarrolladores de software para 2025, una brecha que se mantendría durante 2026 con la adopción creciente de nuevas tecnologías.
En este contexto, la IA no reemplaza a los desarrolladores, sino que redefine su rol. La validación humana, el diseño de arquitecturas y la supervisión de sistemas inteligentes se vuelven funciones críticas.
“Existe mucho debate sobre si el papel del desarrollador va a desaparecer, y la respuesta es no. La IA ayuda a cubrir el déficit de talento, pero también aumenta la productividad y, con ello, la demanda de nuevos perfiles especializados”, explica Fabio Caversan, director de Tecnología (CTO) de Stefanini Group.
Esta tendencia se refleja en el Q4 Dev Barometer 2025 de BairesDev, que señala que el 79% de los desarrolladores colombianos considera que sus funciones se redefinirán, y que 67% prevé que su rol se centrará en integrar y supervisar código generado por IA.
El siguiente paso: agentes virtuales e IA física
La evolución no se limita al software. De acuerdo con Caversan, la próxima ola de innovación estará impulsada por la orquestación de agentes virtuales y físicos: sistemas que operan de forma coordinada en la nube y en el mundo real.
Será posible, por ejemplo, que un agente virtual genere un programa, mientras otro —físico— ejecute una tarea específica o interactúe con su entorno, y un tercer agente colabore en procesos de edición o validación. Sin embargo, la idea de un humanoide genérico capaz de hacer cualquier tarea comienza a descartarse como poco viable.
En su lugar, lo que veremos serán soluciones especializadas: drones, vehículos autónomos y robots diseñados para funciones concretas, con altos niveles de precisión y control.
IA agéntica: más desarrollo, no menos
Lejos de ser una solución universal, la IA agéntica está impulsando una nueva demanda de desarrollo de software. Las implementaciones más avanzadas combinan agentes de IA con componentes determinísticos y automatizaciones tradicionales, diseñadas específicamente para cada empresa.
Esto exige profesionales capaces de definir objetivos, planificar tareas complejas y supervisar su ejecución, reforzando la necesidad de talento especializado y con criterio técnico.
De la expectativa al pragmatismo
“El exceso de expectativas alrededor de la IA ayudó a abrir nuevas fronteras del conocimiento, pero el verdadero reto ha sido llevar esas ideas a la realidad operativa de las empresas”, concluye Caversan.
En ese sentido, 2026 marca un cambio hacia un enfoque más pragmático y realista, alineado con la visión que hoy promueven compañías como Microsoft y Nvidia. Con expectativas mejor calibradas, los proyectos se dimensionan con mayor precisión, las inversiones se vuelven más estratégicas y los resultados comienzan a ser tangibles.