Bogotá, enero de 2026 - La lógica de salir de las ciudades hacia la capital como única forma de progreso parece estar revirtiéndose. Aunque la formación profesional prevalece de manera mayoritaria en las grandes ciudades, o incluso en el exterior, el regreso de los profesionales a los municipios está tomando fuerza.
La movilidad estudiantil sigue siendo constante. En el último año, según Migración Colombia, más de 90.000 estudiantes salieron del país para formarse profesionalmente. Y en cuanto a la migración interna, teniendo en cuenta que el 50% de las universidades están concentradas en Antioquia y Cundinamarca, el desplazamiento de estudiantes a las grandes urbes sigue siendo un fenómeno vigente, entre las que se pueden mencionar también Barranquilla y Cali.
No obstante, algo ha venido cambiando. Los jóvenes ya profesionales han decidido regresar a sus lugares de origen, lo que está derivando en una inyección de conocimientos que puede contribuir al desarrollo económico de las regiones que, históricamente, no cuentan con la infraestructura académica suficiente para formar a sus profesionales.
“Ya no se puede hablar de una fuga de cerebros”, afirma Jorge Alejandro Gómez Arango, rector de UNICOC. “Que los jóvenes estén regresando con conocimientos, habilidades técnicas y una visión más amplia del mundo impacta positivamente en la productividad de su comunidad”.
El retorno profesional tiene efectos multiplicadores en la economía local. Los egresados aplican conocimientos actualizados en áreas como la salud, el derecho, la administración, la ingeniería, la economía y la psicología.
Además, contribuyen a mejorar la gestión de servicios, optimizan procesos productivos, modernizan prácticas tradicionales, fortalecen el tejido empresarial y abren paso a nuevas oportunidades de desarrollo en los municipios y regiones.
Un ejemplo claro es el emprendimiento, pues muchos de quienes retornan lo hacen con la firme intención de crear empresas, cooperativas o proyectos de base comunitaria. Con herramientas en gestión, mercadeo y planeación estratégica, logran identificar necesidades insatisfechas y transformarlas en oportunidades. Esto dinamiza la economía municipal, crea empleo y fomenta el consumo interno.
“El retorno también contribuye a la diversificación productiva”, agrega el rector de UNICOC. “Regiones que han dependido históricamente de un solo renglón económico ven cómo estos jóvenes llegan con nuevas ideas y modelos de negocio para abrir sectores como el turismo rural, el desarrollo de software, los servicios digitales o la bioeconomía”.
Además, los efectos colaterales de este retorno también impactan a las familias mejorando sus ingresos, estimulando la inversión local, fortaleciendo las cadenas de valor y potenciando la recaudación tributaria, que se traduce en mayor capacidad de gestión municipal.
Y en cuanto al ámbito social y emocional, los jóvenes regresan dispuestos a retornarle a sus comunidades mediante sus conocimientos adquiridos. Es un liderazgo que fortalece la participación ciudadana.
“El talento de nuestros jóvenes no puede quedarse estancado en las grandes ciudades”, advierte Alejandro Gómez. “Colombia necesita que regresen, que construyan desde lo local, que innoven desde la raíz, haciendo una apuesta por el futuro de todas las regiones.
Esto, por supuesto, es posible cuando hay un soporte institucional que incentive este retorno de manera saludable. Debe haber facilidades de financiamiento para la inversión, mejoras en la conectividad y los servicios públicos, así como espacios de capacitación para que los profesionales que regresan ayuden al desarrollo local. Es un esfuerzo mancomunado.