Cada año, miles de jóvenes colombianos migran a las grandes ciudades para estudiar una carrera universitaria. Bogotá, Medellín, Cali o Barranquilla concentran gran parte de la oferta educativa del país. Sin embargo, un fenómeno que ha cobrado fuerza en los últimos años está transformando esta dinámica: el retorno de los jóvenes formados a sus municipios de origen.
Lo que antes se veía como una fuga de cerebros se convierte hoy en una oportunidad estratégica para el desarrollo económico de las regiones.
“Cuando un joven regresa con conocimientos, habilidades técnicas y una visión más amplia del mundo, puede generar un impacto directo en la productividad de su comunidad. Ese capital humano no solo suma, transforma”, afirma Jorge Alejandro Gómez Arango, rector de la UNICOC.
El retorno profesional tiene efectos multiplicadores en la economía local. Los egresados aplican conocimientos actualizados en áreas como la salud, el derecho, la administración, la ingeniería, la economía y la psicología. Contribuyen a mejorar la gestión de servicios, optimizan procesos productivos, modernizan prácticas tradicionales, fortalecen el tejido empresarial y abren paso a nuevas oportunidades de desarrollo en los municipios y regiones.
Un ejemplo claro es el emprendimiento: muchos retornados no buscan empleo, sino que crean empresas, cooperativas o proyectos de base comunitaria. Con herramientas en gestión, mercadeo y planeación estratégica, logran identificar necesidades insatisfechas y transformarlas en oportunidades. Esto dinamiza la economía municipal, crea empleo y fomenta el consumo interno.
“El retorno también contribuye a la diversificación productiva. Muchas regiones han dependido históricamente de un solo renglón económico. Estos jóvenes, con nuevas ideas y modelos de negocio, pueden abrir sectores como el turismo rural, el desarrollo de software, los servicios digitales o la bioeconomía”, señala Gómez.
El retorno genera además un efecto cascada en el desarrollo regional: mejora los ingresos de las familias, estimula la inversión local, fortalece cadenas de valor y potencia la recaudación tributaria, lo que a su vez puede traducirse en mayor capacidad de gestión municipal.
Pero más allá de lo técnico, el regreso tiene un componente social y emocional. Muchos jóvenes vuelven porque creen en su territorio, porque quieren devolverle a su comunidad lo que aprendieron. Su liderazgo fortalece la participación ciudadana, impulsa iniciativas comunitarias y teje redes que consolidan un modelo de desarrollo más equitativo y sostenible.
“El talento de nuestros jóvenes no puede quedarse estancado en las grandes ciudades. Colombia necesita que regresen, que construyan desde lo local, que innoven desde la raíz. Apoyar ese regreso es una apuesta segura por el futuro de nuestras regiones”, concluye Gómez.
El reto está en crear condiciones para facilitar ese retorno: acceso a financiamiento, conectividad, servicios públicos de calidad y programas que integren a estos profesionales al desarrollo local.
Fuente: High Results