El segmento logístico llega al año 2026 ocupando un espacio que, hasta hace pocos años atrás, parecía improbable. El sector deja de operar detrás de escena y asume protagonismo en las decisiones estratégicas de varios otros sectores, convirtiéndose en un pilar que sostiene la competitividad de las empresas en una región más digital, regulada y presionada por demandas de eficiencia. En medio de la convergencia entre automatización, inteligencia artificial (IA) y nuevas reglas tributarias, surgen tendencias en la logística, que se reinventa para operar con autonomía, previsibilidad e impacto directo en los resultados.
El cerebro de esta nueva logística es la inteligencia artificial, que deja de ser solo una herramienta de análisis para convertirse en un sistema autónomo para la toma de decisiones. Agentes logísticos inteligentes planifican, predicen y ejecutan operaciones en tiempo real, optimizando rutas de transporte con base en datos de tráfico y clima, anticipando fallas en equipos de almacenes y ajustando dinámicamente el flujo de cargas conforme a la demanda. Los gestores del sector ven en esta automatización inteligente una oportunidad concreta de elevar márgenes operativos, reducir riesgos y aumentar la previsibilidad. Paralelamente, la IA predictiva aplicada a la planificación de la demanda permite una integración inédita entre producción, almacenamiento y transporte, evitando inventarios ociosos y mejorando el nivel de servicio con decisiones guiadas por datos.
La digitalización también redefine el papel del eslabón fiscal y tributario, transformando la logística fiscal en uno de los pilares de la rentabilidad empresarial. Con la transición de ajustes y reformas tributarias en países como Colombia, Argentina, México y Brasil, las empresas necesitan repensar su red logística desde el punto de vista fiscal. La planificación tributaria pasa a ser parte intrínseca de la estrategia operativa, garantizando que la inteligencia detrás de las rutas sea tan eficiente como el transporte en sí. Además, la conformidad y la gestión tributaria integrada a la operación se vuelven vitales para evitar riesgos y optimizar costos en toda la cadena de proveedores.
En este entorno cada vez más complejo, la visibilidad y la orquestación de datos se han convertido en palabras-clave. Plataformas integradas y torres de control logístico, que reúnen datos de diversos sistemas y socios, permiten prever puntos de congestión y reaccionar rápidamente ante imprevistos. La capacidad de transformar información dispersa en decisiones sincronizadas es hoy lo que define la resiliencia de las cadenas de suministro. Este movimiento fomenta también el avance de los ecosistemas colaborativos, basados en plataformas digitales en las cuales transportadores, embarcadores y operadores comparten datos, capacidad ociosa y servicios en tiempo real. Esta conectividad crea una logística más ágil, transparente y menos dependiente de intermediarios.
La automatización y la robótica consolidan la creación de los llamados entornos ciberfísicos, en los que lo físico y lo digital se integran de forma fluida. Robots colaborativos, sistemas de separación automatizados y drones de inventario operan junto a los humanos, ejecutando tareas repetitivas y complejas con precisión milimétrica. La combinación entre IA y robótica viene transformando almacenes en centros autónomos e inteligentes, capaces de mantener flujos continuos de operaciones. El papel de las personas se desplaza del trabajo manual a la supervisión estratégica y la gestión de estas tecnologías, exigiendo nuevas competencias digitales y analíticas. Un ejemplo práctico es el centro de distribución de Mercado Libre en Brasil, que instaló más de 100 robots móviles autónomos que se desplazan por las estanterías, distribuyen productos y realizan la tarea “shelves to person” (estanterías a la persona), pudiendo transportar hasta 600 kg por unidad.
Con la automatización a escala y la interconexión creciente de sistemas, la seguridad cibernética se convierte en un factor crítico. La dependencia de la nube como infraestructura central de la logística exige protocolos robustos de protección de datos y continuidad operativa. La ciberseguridad pasa a ser vista como una extensión de la resiliencia logística: proteger la inteligencia que mueve las cadenas es garantizar que el flujo físico no sea interrumpido.
La sostenibilidad se mantiene como un imperativo de negocio. La presión global por la descarbonización transforma la logística verde en prioridad estratégica, impulsando inversiones en flotas eléctricas, combustibles alternativos, embalajes reutilizables y optimización inteligente de rutas para reducción de emisiones. Las empresas más maduras ya utilizan IA para medir y mitigar, en tiempo real, sus huellas de carbono, transformando la responsabilidad ambiental en ventaja competitiva. Sostenibilidad y rentabilidad caminan lado a lado: reducir desperdicios es sinónimo de eficiencia, y eficiencia es sinónimo de rentabilidad.
Por lo tanto, las tendencias de la logística en 2026 son: más inteligencia, conexión, autonomía y sostenibilidad. Un segmento que combina datos, automatización y colaboración para entregar no solo productos, sino valor: en velocidad, precisión y propósito. Más que mover cargas, la nueva logística mueve decisiones, convirtiéndose en el verdadero eje de inteligencia que sostiene los negocios del futuro.
*Angela Gheller, directora de productos para Logística de TOTVS