Bogotá, febrero de 2026. La gestión del riesgo de Lavado de Activos, Financiación del Terrorismo y Financiamiento de la Proliferación de Armas de Destrucción Masiva (LAFT/FPADM) en Colombia entra en una nueva etapa a partir del proyecto de actualización de la Circular Básica Jurídica de la Superintendencia de Sociedades. Cadena destaca que esta actualización introduce nuevos requerimientos formales y redefine la expectativa regulatoria sobre cómo las organizaciones deben entender, gestionar, demostrar y gobernar sus riesgos LAFT, elevando las exigencias técnicas más allá del cumplimiento documental.
Con esta actualización, la supervisión en materia de gestión LAFT pone el foco en la efectividad real de los sistemas implementados por las organizaciones. Más allá de contar con políticas, manuales o procedimientos, se evalúa cómo las empresas identifican, analizan, monitorean y gestionan sus riesgos, así como la coherencia entre los criterios definidos y las decisiones que se toman en la práctica.
Aspectos como el análisis y monitoreo del riesgo, la consistencia metodológica y la trazabilidad de la información adquieren mayor relevancia, en la medida en que permiten demostrar cómo se gobierna el riesgo LAFT dentro de la organización y cómo se sustenta cada decisión frente a procesos de supervisión.
“Hoy la gestión LAFT exige algo más que cumplimiento formal. Las organizaciones deben ser capaces de demostrar cómo analizan y monitorean sus riesgos, cómo toman decisiones y cómo sustentan esas decisiones con información clara y trazable. Esa es la principal transformación que estamos viendo”, señala Juan Manuel del Corral, Presidente de Cadena.
En este contexto, el rol del Oficial de Cumplimiento adquiere un carácter más estratégico, con mayor incidencia en la evaluación de operaciones, la interlocución con la alta dirección y la definición de criterios de aceptación del riesgo, alineados con el modelo de gobernanza corporativa.
Esta evolución del marco regulatorio representa una oportunidad para que las organizaciones fortalezcan sus sistemas LAFT y los consoliden como un componente estratégico de la toma de decisiones empresariales. Anticiparse a estas exigencias permitirá no solo reducir riesgos regulatorios, sino avanzar hacia una gestión del riesgo más sólida, coherente y alineada con las expectativas actuales de supervisión.