Bogotá, marzo de 2026 — La salud mental en Colombia continúa siendo un desafío, especialmente entre los adultos mayores. El suicidio es, quizás, una de las cifras más alarmantes para este sector de la población.
Según cifras del Boletín de Salud Mental del Ministerio de Salud y Protección Social, en el tercer trimestre de 2025, el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses (INMLCF) registró un total de 2066 casos de suicidio, entre hombres (76%) y mujeres (21%). De este total, 943 casos fueron de adultos mayores.
Aunque con el paso del tiempo se ha tomado mayor conciencia sobre la ayuda psicológica, es cierto que esta población mayor evita buscar apoyo psicológico, ya sea por desconocimiento, barreras o, simplemente, estigmas que han sido muy fuertes en Colombia.
En generaciones anteriores, hablar de emociones no siempre fue una prioridad. Durante años, se instaló la idea de que los problemas debían resolverse en privado, sin acudir a ayuda profesional. Esto ha contribuido a que hoy, en la vejez, muchos adultos normalicen el malestar emocional como parte inevitable del envejecimiento. Así lo explica Tatiana García, supervisora consultorio de Atención Psicológica de la Institución Universitaria Colegios de Colombia (UNICOC).
“Esta normalización puede tener múltiples consecuencias, sin embargo, una de las más frecuentes, y de la que los adultos mayores temen hablar, es sobre el miedo a la pérdida de autonomía”, señala. “Sugerir terapia puede interpretarse como una crítica a su independencia o capacidad para dirigir su propia vida”.
A esto se suman otros factores como dificultades de movilidad, limitaciones económicas o la falta de programas especializados, que pueden dificultar aún más el acceso a atención psicológica. Sin embargo, existen señales que pueden indicar que un adulto mayor podría beneficiarse de apoyo profesional.
Darío Nicolás Jaimes, psicólogo de UNICOC, explica que el aislamiento social, la pérdida de interés en actividades que antes disfrutaba, los cambios persistentes en el estado de ánimo, las alteraciones en el sueño o el apetito, así como la presencia de duelos no elaborados o dificultades para adaptarse a cambios importantes, son algunos de los signos más comunes. Ahí la terapia puede brindar un espacio de acompañamiento valioso.
Uno de los mayores retos, sin embargo, es cómo abordar el tema sin que se perciba como una imposición. La forma en que familiares o cuidadores introducen la conversación puede marcar la diferencia entre el rechazo y la apertura.
Según explica el experto de UNICOC, la clave está en el respeto y la empatía. Se debe hablar desde la preocupación genuina, evitar juicios o etiquetas y presentar la terapia como un espacio de bienestar, proponerla como un lugar para conversar, ser escuchado o recibir acompañamiento en momentos de cambio. Esto puede incentivar una mayor disposición y sentirse como una oportunidad para ser escuchado y no cuestionado.
La terapia psicológica en esta etapa de la vida también aporta beneficios significativos en la calidad de vida. Ayuda a fortalecer el bienestar emocional, mejorar la satisfacción personal y desarrollar herramientas para afrontar los cambios propios del envejecimiento.
“Desde la prevención y el sentido de vida, la terapia ayuda a prevenir la depresión y la ansiedad, reduciendo el impacto de enfermedades crónicas y mejorando la interacción social”, explica Tatiana García. “Facilita la reconciliación con la propia historia personal y el descubrimiento de nuevos propósitos”.
En cuanto a los enfoques terapéuticos más recomendables, no existe un único modelo aplicable a todos los casos. Sin embargo, los expertos en psicología destacan las intervenciones centradas en la persona, que permiten abordar de manera integral las necesidades emocionales de los adultos mayores.
Entre ellas, la terapia de reminiscencia, que invita a reflexionar sobre la historia de vida; la terapia cognitivo-conductual, que ayuda a reestructurar pensamientos negativos; o herramientas de psicología positiva orientadas a fortalecer recursos personales como la gratitud y el optimismo.
Además, el acompañamiento no debe centrarse únicamente en el adulto mayor. El entorno también juega un papel fundamental en su bienestar emocional.
“Es fundamental que los cuidadores también puedan acceder a terapia como parte del proceso de autocuidado”, señala la supervisora del consultorio de Atención Psicológica de UNICOC. “Los programas psicoeducativos para familiares mejoran indirectamente el bienestar del adulto mayor al optimizar su red de apoyo”.
Hablar de salud mental en la vejez implica romper estigmas y abrir espacios de conversación para que se pueda vivir esta etapa con mayor bienestar, autonomía y sentido, contribuyendo a cambiar ciertos paradigmas de la salud mental que han estado tan enraizados en el país.