Por Daniel Scarafia, Vicepresidente para América Latina en Hitachi Vantara.
Marcada por una combinación estratégica de recursos naturales, desarrollo tecnológico emergente y
un renovado enfoque en la sostenibilidad y la integración regional, América Latina se posiciona
como una región en alza para el crecimiento económico global, para el año 2025.
Lejos de ser únicamente un territorio exportador de materias primas, hoy la región muestra señales
de diversificación económica, atracción de inversiones y avance hacia modelos productivos más
sofisticados.
Brasil ha retomado con fuerza su papel como potencia agrícola y energética, integrando tecnología
y prácticas sostenibles que lo vuelven un actor competitivo.
México, por su parte, se consolida como un centro manufacturero de alta tecnología, beneficiado
por el nearshoring y su cercanía con Estados Unidos, mientras que su industria automotriz y
electrónica continúa creciendo con fuerte inversión extranjera.
La innovación también se abre paso. Startups tecnológicas en países como Argentina, Perú y
Uruguay están atrayendo capital de riesgo internacional, impulsando un ecosistema emprendedor
dinámico, especialmente en áreas como fintech, edtech y agrotech. Esta nueva generación de
empresas está impulsando el desarrollo de talento local y creando soluciones adaptadas a las
necesidades de los propios países de la región.
En tanto, Colombia posee fortalezas tales como inversiones en infraestructura, diversificación
comercial, energías renovables y un sector externo robusto. Mientras que Chile está
experimentando un fuerte crecimiento en inversiones tecnológicas (especialmente en Data
Centers), un sector minero consolidado, diversificación comercial y estabilidad macroeconómica.
Ambas economías destacan por sus capacidades de adaptación a las exigencias de los mercados
globales.
En Centroamérica, Panamá presenta proyecciones de crecimiento sólidas, un sector privado
dinámico, ubicación geográfica estratégica, y una infraestructura financiera robusta.
Además, el potencial en energías renovables convierte a América Latina en un actor estratégico en
la transición energética mundial. Con vastos recursos solares, eólicos e hidroeléctricos, la región se
perfila como proveedor clave de energía limpia; y también como fuente esencial de minerales
críticos para la transformación digital, tales como litio y cobre.
En 2025, América Latina no sólo representa nuevas oportunidades, sino también un espacio de
evolución y resiliencia para las empresas, que se ven desafiadas constantemente a adaptar e
innovar en sus modelos de negocios.
Esto es clave para los actores productivos de la industria de infraestructura digital, porque
Latinoamérica se ha ganado un espacio como uno de los motores de crecimiento global, hacia donde
fijar la mirada, la atención, inversiones y las apuestas de negocios.